Cano Cristales (River of five colors), La Macarena, Meta, Colombia

En Meta, Caquetá y Norte de Santander, el ecoturismo y la agricultura sostenible son el eje del desarrollo económico, gracias a la cooperación alemana.

Entre las mesetas de la sierra de La Macarena, ubicada en el departamento del Meta, se esconde uno de los ríos más hermosos y coloridos de Colombia: Caño Cristales. La majestuosa biodiversidad del “río de los cinco colores”, como es conocido, estuvo cerrada durante tres años, tiempo en el que hizo parte de las llamadas zonas de distensión controladas en su totalidad por la extinta guerrilla de las Farc.

Entre sus aguas cristalinas y colores deslumbrantes, Caño Cristales encierra historias que aún enlutan a sus habitantes. En la memoria de los pobladores sigue estando el fantasma de una de ellas. Se trata del asesinato de siete personas en el parque principal, como consecuencia del desmantelamiento, ante una falsa alarma de despeje, del campamento en el que habitaba el Mono Jojoy, uno de los principales comandantes de la antigua guerrilla. La contención en este territorio contribuyó a la conservación del parque natural.

Por eso uno de los mayores temores fue cuando, en 2009, Caño Cristales abrió sus puertas al público. La economía del departamento giró en torno al turismo, pero las secuelas por no realizar bien esta actividad comenzaron a notarse. El impacto negativo en la biodiversidad comenzó a tomar protagonismo y las iniciativas y proyectos que buscaban la participación comunitaria, la promoción de la protección ambiental y la defensa del territorio se fueron quedando sin rumbo.

El embajador de Alemania en Colombia, Peter Ptassek, explica que por medio de esta cooperación se han impulsado “diversas políticas, como la reducción de la deforestación, el fortalecimiento de Parques Nacionales, el apoyo a las comunidades locales y a los proyectos que preservan el medio ambiente. Buscamos valorizar el patrimonio ecológico que es la selva tropical”. Por eso, cuenta, se está trabajando en tres regiones: Meta, Caquetá y Norte de Santander.

El Programa de Desarrollo Económico Rural, dice Stepan Uncovsky, director de la agencia GIZ en Colombia, se desarrolla mediante unas alianzas entre actores locales, regionales y nacionales. Por medio de esta coalición se buscan estrategias para generar empleo e ingresos para poblaciones vulnerables y, a la vez, aprovechar de manera sostenible los recursos naturales.

En municipios como La Macarena los resultados ya empiezan a ser visibles. Sus habitantes dejaron atrás las secuelas de la guerra y ahora se dedican a potencializar sus recursos naturales. En sus fincas impulsan la agricultura orgánica. Sus jóvenes, apoyados por entidades como el Sena, se preparan para licenciarse como guías turísticos y demostrar que tienen otros paraísos tropicales, además de Caño Cristales. Y sus campesinos abren las puertas de sus casas para deleitar a los turistas con sus costumbres típicas.