Nadie les dijo a los chicos del Ajax que su ímpetu podía terminar en derrota. Nadie les advirtió que había que defender los resultados, no jugar siempre a esa alegría, cuidarse, limitar riesgos. Se enteraron en la revancha de la semifinal contra Tottenham, un partido loco que era para los holandeses a diez minutos del final y que acabó siendo para los ingleses, más experimentados, desconfiados y luchadores, que se quedaron con el tiquete a la final de Champions gracias a un triunfo 3-2 que fue premio para el veterano y castigo para el soñador.

Saltos, brincos, euforia, incredulidad hubo en la celebración de Tottenham. Los nenes del Ajax no pudieron siquiera levantar la cara, cubierta e lágrimas, del césped. Un primer tiempo todo para su ilusión, se fue al hoyo en un complemento intenso, medio demente, muy al estilo de la Champions.